Un matemático maya recupera su nombre

Sanja Savkic

En la historia de la ciencia antigua, muchas veces se conocen los logros, pero no los nombres de quienes los hicieron posibles. Por eso es tan extraordinario que un pequeño texto jeroglífico permita hoy llamar por su nombre a un matemático-astrónomo maya que vivió hace más de 12 siglos: Sak Tahn Waax, “Zorro de Pecho Blanco”.

La inscripción se encuentra en una cámara de la Estructura 10K-2 de Xultun, una antigua ciudad maya del Departamento de Petén, en la actual Guatemala. Franco D. Rossi, David Stuart y Heather Hurst (2026) reconstruyeron y descifraron este texto, conocido como Texto 19. La lectura fue especialmente difícil porque algunas partes se habían perdido, pero las imágenes multiespectrales y el conocimiento de la escritura y los calendarios mayas permitieron recuperar la lógica del cálculo.

El texto consta de 11 bloques jeroglíficos. Los primeros nueve contienen una fórmula que organiza cinco fechas dentro de un periodo total de 2.920 días. Esta cantidad corresponde tanto a ocho años solares de 365 días como a cinco ciclos sinódicos de Venus de 584 días. Al cumplirse ese intervalo, Venus vuelve aproximadamente a la misma posición respecto del Sol y del año solar.

Dentro de esta gran cuenta, la fórmula enlaza otros intervalos: uno de 20 días, otro de 260 días, dos ciclos de Marte de aproximadamente 780 días cada uno y tres periodos de 360 días. Así relaciona el calendario ritual de 260 días (Tzolk’in), el año solar de 365 días (Haab), una unidad de 20 días (uinal), una unidad de 360 días (tun) y los ciclos aparentes de Venus y Marte.

La organización del cálculo contiene además un detalle muy sugerente: los intervalos siguen la progresión 1, 1, 2, 3 y 5, conocida en la matemática occidental como sucesión de Fibonacci. Sin embargo, se desconoce hasta qué punto los antiguos matemáticos mayas reconocían y utilizaban este patrón como un principio general, del modo en que se entiende en la matemática moderna. Lo indudable es que la fórmula no se limita a registrar ciclos conocidos, sino que los reúne de una manera particular, concisa y creativa.

Los dos últimos bloques cambian por completo el significado del texto. Después de la fórmula se lee: “así dice Sak Tahn Waax”. No es posible establecer con certeza si él mismo realizó el cálculo y pintó los signos o si un escriba estaba citando a otro especialista reconocido. Pero la atribución es directa y, hasta la fecha, no se conoce el nombre de ningún otro matemático-astrónomo en la historia maya.

El desciframiento de la escritura maya ya había permitido recuperar los nombres de varios pintores-escribas y escultores que firmaron o fueron asociados con sus obras, sobre todo de aquellos que vivieron durante el periodo Clásico tardío (ca. 600-900). Esto es en sí mismo excepcional, pues permite reconocer a personas concretas detrás de creaciones que durante siglos parecieron anónimas. El caso de Sak Tahn Waax lleva esa posibilidad a un terreno nuevo: por primera vez, el nombre de una persona aparece directamente asociado con una fórmula que relaciona distintos ciclos calendáricos y astronómicos, incluidos los de Venus y Marte.

Para comprender por qué un testimonio de esta naturaleza apareció en Xultun, conviene considerar dos escalas. La primera es regional. Xultun se encuentra a solo ocho kilómetros de San Bartolo, donde se conservan célebres pinturas murales realizadas hacia 100 a.C. y se ha identificado una de las evidencias más antiguas conocidas del calendario ritual maya de 260 días. Aunque los testimonios de San Bartolo y Xultun están separados por cerca de nueve siglos, ambos muestran que la pintura, la escritura y el conocimiento calendárico tuvieron una larga historia en esta región del noreste de Petén.

La segunda escala es la propia Estructura 10K-2. En las paredes interiores de su cámara se identificaron alrededor de 52 textos, entre ellos una tabla lunar y diversas anotaciones calendáricas y astronómicas. Algunas inscripciones se superponen y otras fueron trazadas sobre nuevas capas de estuco, lo que indica que los muros se utilizaron repetidamente como superficies de trabajo. En la cámara y en sectores cercanos también aparecieron instrumentos relacionados con la fabricación de papel.

Estas evidencias llevan a Rossi, Stuart y Hurst a interpretar la cámara como un espacio cortesano y un probable taller de elaboración de códices, donde distintos especialistas escribían, pintaban y realizaban cálculos. Las figuras pintadas poseen distintos rangos y los textos parecen revelar manos con diferentes grados de dominio. Estos indicios también les permiten proponer la existencia de relaciones de mentoría y formación, así como la enseñanza de cálculos calendáricos.

Algunos de estos intereses astronómicos reaparecen siglos después en los códices mayas del periodo Posclásico (ca. 900-1521 d.C.), especialmente en las tablas de Venus y Marte del Códice de Dresde. La fórmula de Sak Tahn Waax, sin embargo, es mucho más antigua y posee una organización propia.

Los autores sitúan la actividad de este especialista en el año 781 d.C. o en una fecha cercana. La cámara fue rellenada y sellada probablemente en algún momento entre mediados y finales del siglo VIII d.C. Gracias a ello sobrevivió algo que rara vez se conserva: no solo el resultado de un cálculo, sino el espacio donde los especialistas mayas escribían, ensayaban y pensaban.

La singularidad del hallazgo es también profundamente humana. Allí donde la historia mostraba una ciencia admirable pero anónima, aparece ahora Sak Tahn Waax, cuyo nombre quedó asociado con una manera particular de observar, calcular y organizar el tiempo, que alguien consideró digna de ser atribuida.

Sanja Savkic Sebek. Editora Jefe del Boletín del Museo Chileno de Arte Precolombino.

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Fuente: Franco D. Rossi, David Stuart, and Heather Hurst, “The identification and work of an eighth-century Maya mathematician.” Antiquity (2026): 1–16. DOI: https://doi.org/10.15184/aqy.2026.10378

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