Por Felipe Armstrong
Esta escultura de cerámica, creada hace más de mil años por la cultura Manteño, presenta a un hombre sentado sobre una banca. Su gran tocado, las orejeras y el orificio que alguna vez pudo sostener una nariguera de metal sugieren que se trata de un personaje de alto rango, posiblemente una autoridad política o ritual.
Aunque aparece completamente desnudo, su cuerpo está cargado de signos. Motivos geométricos incisos recorren el pecho, el cuello y el costado derecho, convirtiendo la piel en una superficie de expresión e identificación. Estos diseños pudieron representar pinturas corporales aplicadas con sellos, tatuajes o escarificaciones: marcas que comunicaban pertenencia, posición social o capacidades rituales. La desnudez permite que los ornamentos y las modificaciones corporales concentren toda la atención.
La superficie oscura y pulida de la pieza también es característica de la alfarería manteña. Sus artesanos produjeron recipientes y esculturas de gran calidad, muchas veces decorados mediante incisiones y bruñidos que resaltaban el brillo de la cerámica. En esta obra, el modelado combina representación humana e ingeniería ritual: el cuerpo hueco funciona como una pequeña arquitectura diseñada para conducir el humo.
Al encender sustancias aromáticas en su tocado, la figura comenzaba a transformarse. El pesado humo recorría sus cavidades y emergía gradualmente por distintos orificios: primero por las orejas, luego por las manos y finalmente entre las piernas. La escultura parecía respirar. Su activación involucraba la vista, el olfato, el movimiento y el paso del tiempo, mientras el humo desdibujaba los límites del cuerpo y los aromas se dispersaban en el espacio ceremonial.
Los pueblos manteños habitaron la costa del actual Ecuador y se organizaron en distintos señoríos estrechamente vinculados con el mar. Fueron pescadores, buzos, artesanos, navegantes y comerciantes. En grandes balsas transportaron productos a lo largo del Pacífico y participaron en extensas redes de intercambio que conectaron la costa ecuatoriana con los Andes y con regiones de Centroamérica y Mesoamérica. Entre los bienes más apreciados se encontraba la concha Spondylus, extraída de las aguas cálidas del litoral y valorada en numerosos lugares por sus usos ornamentales y rituales.
El alcance de estas redes quedó registrado en 1526, cuando el navegante español Bartolomé Ruiz interceptó una gran balsa mercante frente a las costas del actual Ecuador, cuando conducía a Francisco Pizarro a las costas peruanas para iniciar la Conquista del Imperio Inka. Este encuentro quedó documentado en la Relación Sámano-Xerez, en la que se vincula a sus navegantes con el señorío manteño de Salangome y describe un cargamento excepcional de adornos y recipientes de oro y plata, finos y coloridos textiles textiles decorados con aves, animales, peces y árboles, cuentas de esmeralda, cristal y otras piedras, pequeñas balanzas para pesar oro y una gran cantidad de conchas rojas y blancas, generalmente identificadas como Spondylus. Estos bienes revelan la diversidad y el alcance de los intercambios que articulaban la costa ecuatoriana con otros territorios.
Fue en este mundo de rutas e intercambios donde esta impresionante obra de arte activó espacios rituales y contribuyó a afirmar la autoridad de quienes encabezaban los señoríos manteños.
Felipe Armstrong, Jefe de Curaduría
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Incensario Manteño
Cerámica modelada
800 – 1500 d.C.
Costa del actual Ecuador
Código: 0407