Vasija escultórica Moche: entre el agua y el mundo subterráneo

Por Fernanda Gurovich, Curadora Asistente. 

Hace más de 1000 años, en la costa norte del actual Perú, la sociedad Moche desarrolló un complejo sistema político y económico cuya influencia marcó el primer milenio. Entre sus expresiones artísticas más reconocidas se encuentra la cerámica escultórica, que presenta seres humanos, animales, plantas, monumentos arquitectónicos, divinidades y escenas rituales. Sus vasijas condensan complejas ideas sobre el mundo y las relaciones políticas, sociales y cosmológicas, a la vez que muestran prácticas cotidianas, como el amamantamiento o la pesca. 

En la sala Obras Maestras de la exposición América en el Arte, presentamos una vasija excepcional dentro de esa tradición. Su gran tamaño, su boca ancha y, sobre todo, su cuerpo irregular y abultado la distinguen de las formas más conocidas de la cerámica moche. A primera vista, puede parecer una composición abstracta o difícil de descifrar. Sin embargo el o la alfarera que la produjo tenía un rico conocimiento técnico y filosófico: su forma y diseños permiten adentrarnos en la manera en la que la sociedad Moche concibió su relación con el agua y el mundo subterráneo. 

Los volúmenes que emergen de su superficie evocan el crecimiento de tubérculos como la papa, la yuca o el yacón. Al desarrollarse bajo tierra, estos alimentos estaban estrechamente vinculados con la capacidad generadora del suelo y con los ciclos agrícolas. La vasija parece crecer y expandirse como un organismo vivo, convirtiendo su propia forma en una imagen de fertilidad.

Sobre este cuerpo se despliega un conjunto de seres relacionados con el agua y los espacios húmedos. Se reconocen aves nocturnas y de humedal, junto con criaturas marinas como un lobo de mar, una mantarraya y una gran concha de Strombus. Entre ellos aparece la figura conocida como la Divinidad de la Tierra o “la tuerta”, cuyo rostro, de acuerdo con las interpretaciones de Golte, mira simultáneamente hacia el mundo visible y hacia las profundidades del subsuelo. Más que narrar una única escena, estas imágenes conectan el mar, la tierra húmeda, la noche y aquello que germina bajo la superficie. Se ha propuesto que botellas de este tipo pudieron participar en ceremonias relacionadas con la renovación agrícola y la fertilización de la tierra.

Es difícil aprehender esta pieza desde un solo punto de vista. Es necesario rodearla, observar cómo las figuras aparecen, se superponen y se transforman con cada movimiento. Te invitamos al Museo a conocerla, observar de cerca sus finos trazos e identificar los diversos personajes y motivos que visten esta pieza de forma tan peculiar. 

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