Texto e imagen de portada: Felipe Armstrong
Un reciente artículo publicado en Nature Communications1 ofrece una perspectiva novedosa para pensar las conexiones de larga distancia que existieron en América antes de la conquista europea. Su punto de partida es un hallazgo notable: plumas amazónicas de vivos colores depositadas en una tumba de élite de la sociedad Ychsma, fechada aproximadamente entre los años 1000 y 1400 d.C. El hallazgo se produjo en Pachacamac, un gran centro ceremonial en el desierto costero del centro del Perú, ubicado a unos pocos kilómetros al sur del centro de Lima. Para estudiar estas plumas, los autores combinaron tres tipos de análisis: ADN antiguo, análisis de isótopos estables y modelamiento espacial. Gracias a esa combinación, el estudio permitió identificar qué aves estuvieron involucradas, además de reconstruir el trayecto que hizo posible que estas plumas llegaran desde la Amazonía hasta la costa del Pacífico.
El análisis genético permitió identificar cuatro especies amazónicas de psitácidos (familia a la que pertenecen loros, guacamayos y pericos): guacamayo escarlata (Ara macao), guacamayo azul (Ara ararauna), guacamayo rojo y verde (Ara chloropterus) y loro harinoso (Amazona farinosa). Todas ellas son aves propias de las tierras bajas tropicales ubicadas al oriente de los Andes. Solo una de las plumas analizadas correspondía a una especie obtenible en la costa peruana, una gaviota (Xema sabini). El artículo logra demostrar, que estas plumas son huellas materiales de vínculos efectivos entre regiones ecológica y culturalmente muy distintas.

En el altiplano boliviano, el pueblo Aymara utiliza plumas de aves amazónicas para la producción de indumentaria usada en bailes y ceremonias, como este ornamento para el pecho, usado en el baile jhula-jhula. Plumas, madera, arpillera y pintura; 35 x 15 cm. MChAP 1831. Fotografía de Micaela Valdivia

Entre las especies identificadas por el análisis de plumas están el guacamayo escarlata (Ara macao), guacamayo azul (Ara ararauna), guacamayo rojo y verde. Fotografía: Licencia Creative Commons
Además de la identificación de las especies, los autores se preguntan también cómo las plumas llegaron hasta la costa pacífica. Los análisis genéticos permitieron identificar una diversidad genética alta, comparable a la de poblaciones silvestres y muy distinta de la baja diversidad que suele hallarse en contextos de crianza local en cautiverio. Por otro lado, los análisis isotópicos muestran que las aves de las que se obtuvieron las plumas consumieron una dieta costeña rica en plantas C4 —probablemente maíz—, quizás incluso asociada a sistemas agrícolas fertilizados con guano marino. La combinación de ambas evidencias permite a los autores plantear que las aves habrían sido capturadas en poblaciones silvestres amazónicas, trasladadas vivas a la costa y mantenidas allí durante un tiempo. No circulaban entonces solo las plumas lo que supone técnicas de captura, conocimientos sobre su alimentación, cuidado durante el trayecto, infraestructura mínima y redes humanas capaces de sostener desplazamientos complejos a través de la cordillera.

El Santuario Arqueológico de Pachacámac, ubicado a unos 30-40 km al sur de Lima en el valle de Lurín, es uno de los centros ceremoniales prehispánicos más importantes de la costa peruana. Fotografía de Felipe Armstrong
A partir de estos datos, los autores proponen algunas rutas posibles para el traslado de estas aves desde la Amazonía hasta la costa peruana, entre ellas un corredor transandino septentrional y otro vinculado a la región de Cerro de la Sal. Aunque no identifican una ruta única y definitiva, el estudio refuerza la idea de que la sociedad Ychsma participó en redes de intercambio complejas y de larga distancia mucho antes del dominio incaico.
De esta manera, el artículo nos habla de un continente atravesado por movilidades densas, sostenidas y socialmente significativas. Antes de la conquista europea ya existían redes que conectaban costa, sierra y selva; redes por las que se desplazaban bienes de prestigio, saberes, técnicas, formas de relación política, imaginarios y modos de valorar ciertos materiales o seres vivos. Así, el estudio contribuye a desmontar una imagen todavía demasiado extendida del mundo precolombino como un mosaico de sociedades encerradas en sí mismas. Lo que aparece aquí, por el contrario, es una América enlazada, donde circularon el arte, las ideas y una diversidad de materiales que en conjunto funcionaron como combustible para la creación de humanidades diversas, ricas y complejas.

Detalle en sitio de excavación que da cuenta de la presencia de plumas de aves tropicales en la costa de Perú. Recuperada de Olah, G., Bover, P., Llamas, B., Heiniger, H., Segura Llanos, R., & Shimada, I. (2026).
Ancient DNA and spatial modeling reveal a pre-Inca trans-Andean parrot trade. Nature Communications, 17(2117).
Y es justamente ese reconocimiento de una América compleja, conectada, y profundamente dinámica lo que me parece más valioso para el trabajo que desarrollamos desde el Museo Chileno de Arte Precolombino. Mirar el continente desde el movimiento, los viajes y los intercambios, permite comprender mejor la densidad histórica de las obras y materiales que resguarda y exhibe el museo. Esa perspectiva continental es, precisamente, una de las que hacen de este espacio un lugar único, donde podemos reconocer, a través del arte, la diversidad americana y los vínculos culturales, económicos y políticos que dieron forma a historias profundamente entrelazadas.
Notas a pie
- Olah, G., Bover, P., Llamas, B., Heiniger, H., Segura Llanos, R., & Shimada, I. (2026).
Ancient DNA and spatial modeling reveal a pre-Inca trans-Andean parrot trade. Nature Communications, 17(2117). https://doi.org/10.1038/s41467-026-69167-9
↩︎