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Ruta

Seres extraordinarios

El ser humano es un creador de historias que dotan de sentido a las cosas y a su propia existencia.

Los mitos, donde se narran hechos y acciones protagonizadas por seres increíbles, son una parte esencial de esos relatos. En ellos, la naturaleza se funde con la cultura; y así como los seres humanos pueden asumir rasgos del mundo vegetal, animal o mineral, de igual forma entidades de la naturaleza incorporan características humanas. Los límites entre estas esferas se disuelven y las relaciones entre ellas fluyen como en un sueño.

 

En el pensamiento indígena americano los seres míticos son parte esencial de la realidad y tienen una fuerte incidencia en el devenir de la vida. Abandonan el mundo fantástico para habitar la cotidianeidad. Son seres ambiguos, etéreos, concretos, terribles y magníficos; van y vuelven de la muerte. Son grandes personajes, custodian de la fertilidad, dan riqueza o la quitan, nos encantan o enloquecen, dan fortuna o desgracia.

 

La definición del borde entre lo real y lo fantástico es una cuestión cultural. Te invitamos en esta ruta a sorprenderte con las transformaciones de  los extraordinarios seres que habitan en el mundo precolombino e indígena americano. 

Piezas Emblemáticas de la ruta

Los chamanes son seres poderosos. Tienen la capacidad de hacer su cuerpo permeable para ir y volver del mundo humano al no humano. También puede fluir en los cuerpos, siendo, persona, animal, planta, o todo a la vez. En esta vasija reconocemos unos ojos y unas manos humanas, pero se le superpone un rostro animal. ¿Es un humano, un felino o un murciélago? Es todo eso: un ser fluyendo en las formas.

Los llamados ‘Suplicantes’ muestran una síntesis maravillosa de cómo el mundo indígena entiende su relación con el cosmos. Las figuras, que han perdido casi toda humanidad, aún pueden reconocerse como tales por un rostro que mira extasiado, hacia el cielo. El cuerpo parece desintegrarse en formas orgánicas. Representan al ser humano en el mundo de los espíritus, transformado y fundido con el universo.

En la costa norte del Perú siempre hay amenazas de sequías o inundaciones, por ello es bueno saber que los dioses están a nuestro favor. La deidad terrestre Cara Arrugada, es un ordenador del mundo. En esta fuente, que a su vez es una sonaja, se muestra a esta divinidad laceando a un extraordinario monstruo marino que representa a la naturaleza fuera del orden. Cara Arrugada siempre sale victorioso y de esta manera asegura la vida en el cosmos.

Este gran vaso de cerámica representa al Hombre-Lagarto, imagen que aparece desde muy antiguo en las tierras de la Gran Nicoya, en Costa Rica. Es un ser híbrido, sus brazos están hermosamente decorados y lleva un collar de plumas y cuentas que rodean su rostro, dándole un marco de autoridad. Su cabeza es una sonaja y es posible que su sonido siseante fuera usado durante los rituales que inducían a la transformación, pues en esta copa se bebían los líquidos que llevaban al trance chamánico.

Cuentan que una mujer tuvo un hijo con un jaguar. Ese hijo era un niño-jaguar, y cuando lloraba, su grito era un rugido que traía los truenos y la lluvia. Esta figura humana de lustrosa obsidiana negra representa esta historia. Tiene un cráneo deformado artificialmente y una boca cuyas comisuras hacia abajo simulan las fauces de un felino. He aquí el Hombre Jaguar, un ser extraordinario que es el origen del linaje de los antiguos gobernantes Olmecas.

Los gobernantes de Sicán decían descender de Naymlap, quien llegó desde el mar a estas tierras con un numeroso séquito a su servicio. Él fue el primer Señor de Lambayeque y al morir se convirtió en pájaro. Los gobernantes que le sucedieron fueron sepultados con estas máscaras metálicas de ojos en forma de alas extendidas, las que recuerdan la transformación de Naymlap. De esta manera declaraban pertenecer a su linaje divino.

En los rituales de la cultura Chavín se vivía una experiencia aterradora y potente: aparecían seres terribles con fauces de felino y garras de aves rapaces. Llevaban colmillos y bocas en su cuerpo. Podían decapitar y devorar. En ellos, todo era estremecedor. A veces, estos seres eran los oficiantes de los rituales, transformados mediante el trance chamánico. En sus mutaciones, tenían la experiencia de ver la realidad desde distintas perspectivas. Siendo diversos animales a la vez, exhibían su poder sobre la vida y la muerte.

En la mitología andina se cuenta que la Primera Humanidad vivía en un mundo sin sol. Hablaban con las piedras, el río, los animales y la tierra. Eran los gentiles. Pero salió el sol y ellos huyeron de la luz que los quemaba, refugiándose bajo la tierra. Se dice hoy en día que ya nadie conversa con los ríos, ni con las piedras, ni con los animales. Aun así, los pueblos andinos reconocen en los restos antiguos y en las piedras dibujadas la presencia de esos gentiles.

Aprender a descifrar los textiles andinos es descubrir un mundo de seres extraordinarios que dotaban de autoridad a los trajes de los gobernantes. En este fragmento de túnica, aparecen desdibujados en figuras geométricas y confusas, jaguares humanizados que acompañan a guerreros alados. Yendo en distintas direcciones, estos seres confluyen en el espacio textil complementando los opuestos. Tres de ellos van en una dirección y los otros tres en sentido contrario. La fuerza que condensan estas entidades es tal, que solo las personas poderosas podían llevarlos en su vestimenta.

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